Posteado por: atizando | 30 diciembre, 2009

Uno más.

Atrapado en un mar de asfalto, sitiado por bloques de edificios de hormigón y cristal, confinado en un despacho, o tras un mostrador, o conduciendo un vehículo industrial, pasan mis días.

Mañana tras mañana, sujeto con firmeza el pesado yugo que la sociedad me ha impuesto, nada más levantarme en mi cabeza resuenan las palabras que desde niño me repitieron con vehemencia impenitente. “Debes, tienes, debes, tienes, debes, tienes,….”

Debo llegar al trabajo a mi hora, tengo que cumplir con mis obligaciones, debo ser amable, tengo que mejorar mi status social, debo respetar a mi jefe, tengo que preocuparme por mis clientes.

La noche difumina los estigmas de la horrenda sociedad, las absurdas banderas, las ridículas fuentes, los exclusivos edificios de los privilegiados, la simbología del poder, los billetes, los hospitales, la naturaleza embotellada de los jardines, la mirada perdida de los que nada poseen.

Depresión, marginación, insatisfacción, frustración, asmas y alergias conviven en lo que durante siglos hemos ido moldeando, diseñando, perfeccionando, en eso que hoy llamamos sociedad.

Sin duda los años han hecho imperceptibles las pleitesías que pagamos por nuestra inteligencia, por nuestra supremacía respecto de otras especies que comparten esta ínfima parte del universo, no obstante a veces, cuando no puedo dormir, veo mis ajadas hastiadas de tolerar tantas normas, tantas prohibiciones, tantos debos, tantos tengo.

Pronto sonará el despertador y la luz del día hará, que al salir a la calle sea, simplemente, uno más.

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